Porras: el efecto salamandra
Qué es esa luz que se apaga una luciérnaga o un imperio
Jorge Luis Borges
En el taller del pintor Jorge Porras hay material inflamable: una salamandra pervive en el fuego como si pudiera nutrirse de éste elemento y retozar a su antojo, como sugiere Aristóteles. La salamandra se ha instalado en el lienzo y pronto le acompañará un personaje bizarro tan propicio al barroco.
De un bestiario singular y de magia está elaborado el mundo pictórico de este artista que –pintando como si viviera en el siglo XV- nos entrega como un don la certeza de que las tendencias actuales del arte son –en muchas ocasiones- juegos de espíritus traviesos. Él ha preferido una clave: la construcción de un Orbe poblado de animales fantásticos junto a seres que configuran un inmenso relato bajo la égida de Ludovico, a quien ha dotado de maquinarias de hechizo para que descifre el misterio.
Pocas veces se ha visto tan prolijo experimento: un pintor nos convoca en cada una de sus obras a una epopeya de un tiempo que ya no es el que conocemos sino uno al que hay que atravesar con los ojos de la alquimia. Sí, porque es preciso encontrar nuevamente la posibilidad de que los dragones alteren nuestros sueños. Usted está a punto de entrar a este mínimo Universo y de hurgar sus secretos. Está a punto de atravesar el umbral donde Ludovico acaba de atrapar a una salamandra que surge del fuego.
Juan Carlos Morales Mejía.